jueves, 26 de febrero de 2009

Mucha filosofía



No sé si os pasa que en todas las conversaciones se acaba hablando de la crisis económica. Los que realmente no estamos afectados directamente por ella, filosofamos sobre su alcance, sus causas, sus alternativas. Los que de verdad están sufriendo las consecuencias hablan de los cierres de negocios, de despidos y suelen acabar la conversación con la frase: “habrá que echarle mucha filosofía”.
O sea, que en todos los casos la filosofía se convierte en un recurso común. En el caso de los primeros, la filosofía es la búsqueda de ideas y de soluciones, en el segundo caso la palabra filosofía es sinónimo de paciencia, de saber superar las dificultades, de conseguir no llegar a la desesperación.
Es realmente admirable la capacidad de adaptación que la mayor parte de la sociedad tiene ante la nueva situación: se recortan gastos, se cambian prioridades e incluso se modifican conductas. En esta administración cuidadosa de la crisis juegan un papel esencial las mujeres, las proveedoras, que consiguen diariamente el milagro de la subsistencia sin que el género masculino se percate casi de ello. El saber que la crisis es un mal generalizado contribuye a frenar la desesperación, la depresión particular que irremisiblemente afecta a cualquier persona que sufre el paro y una perspectiva cercana de falta total de recursos.
No sé por cuanto tiempo esta filosofía de saber contenerse, esperar, no caer en la desesperación, podrá seguir funcionando en el colectivo social, solo espero esta filosofía no sea sustituida por la confrontación con los aún más débiles, sino con los poderosos. Para no ocurra lo peor, es necesario que apaguemos con valentía los fuegos que empiezan a encender sectores interesados en enfocar la desesperación social hacia el autoritarismo. Por ahora estos debates se llaman “cadena perpetua”, crítica feroz a las autonomías y bulos sobre los inmigrantes, -como uno que ya me repiten en todas las conferencias de que no pagan impuestos y tienen prioridad en los servicios públicos- que no sabemos quien los extiende pero sí a quien beneficia. Mantener un pensamiento débil ante todo esto es construir el camino por el transitará la ideología más reaccionaria.

martes, 24 de febrero de 2009

Seres sin adolescencia


Algunas de mis amigas exhiben en Facebook las fotos de sus niños recién nacidos. Las que, hasta hace poco tiempo, colocaban artísticas o atrevidas fotos en todo tipo de actividades sociales, las sustituyen por redondas caras de bebés que duermen, comen, maman o miran sin objeto definido. La respuesta de las que no tenemos hijos no se ha hecho esperar y hemos subido las mejores fotos de nuestros perros que, en mi modesta opinión, son más dinámicas y hermosas que los bebés adormilados, sin embargo no hemos conseguido los ecos de admiración que suscitan los recién nacidos. Nadie nos ha contestado con arrumacos, exclamaciones o felicitaciones.
Sin aceptar mi derrota, he colgado una frase lapidaria al pie de las fotos. “Los perros, esos maravillosos seres sin adolescencia” –he dicho, a manera de final definitivo y feliz. La frase ha navegado en el espacio sin encontrar ningún eco, hasta que una de mis cómplices en el amor a los animales, me ha contestado: “¡Es verdad que eres una poeta!” (escrito así, como también yo lo prefiero, porque el femenino “poetisa” siempre me ha parecido cursi, rebuscado y con un toque de esoterismo insoportable). Durante algunas horas hemos paladeado nuestro éxito pero no hemos conseguido eco alguno. Las recientes madres no han hecho ni un solo comentario a nuestro hallazgo literario. Creen que se trata solo de una absurda ocurrencia y sonríen con superioridad, abrazadas a su pedacito de sueño.

viernes, 20 de febrero de 2009

REVOLUCIONARY ROAD



¿Cuándo se rompen, en realidad, los sueños de la juventud? ¿En qué justo momento hemos dejado de ser “especiales” para doblegarnos ante las convenciones sociales?
¿Es posible escapar del inevitable vacío de la vida?
Ayer fui a ver Revolucionary Road, una película que trata de todo esto, de la infinita tristeza que producen los bienes materiales cuando por dentro se consume el escaso fuego que alimentaste en tu juventud. Si no te gustaron títulos cinematográficos como “Las horas” o “American Beauty” es mejor que no vayas a verla, sin embargo si te gusta ese discurrir del tiempo, de espacios que se cierran, de diálogos que superan las palabras, esta es sin duda tu película de la temporada.
No es, como se ha dicho, un relato costumbrista de los años 50, de su ferocidad, de la condena doméstica de las mujeres. Es un film que habla de nuestros sueños y de nuestra cobardía a la hora de afrontarlos, de la infinita soledad que nos atraviesa.
Hay, en la película, una escena que me cortó la respiración. Tras una bronca descomunal entre Frank y April, la mañana amanece tranquila. Ella prepara el desayuno y se muestra complaciente y atenta con su marido. Hay algo inquietante en esa perfección doméstica, en el cuidado orden de la casa, en el manejo de los objetos cotidianos. Él apenas se atreve a buscar una explicación para este cambio repentino. Contiene su alegría, el temor, la inseguridad que todo esto le provoca. Teme decir o hacer algo que rompa el hechizo de esa repentina normalidad, anhela que todo sea real, que no se quiebre de pronto en mil pedazos. Se trata, sin embargo, de una de las despedidas más tristes de la reciente historia del cine.
En contra de los finales esperanzados, la película muestra que no siempre tendremos París, que Paris se pierde cuando abandonamos nuestros sueños y nos sumergimos en la tibia rutina de aquello en lo que no creemos.

Dos años de nuevo Estatuto

Este es el artículo que he publicado hoy en el Correo de Andalucía:

Confieso que sentí una enorme tristeza por los magros resultados de participación en el referéndum para la aprobación del nuevo Estatuto de Autonomía. No se trataba de un sentimiento partidario, curtida ya en centenares de derrotas, sino el pensamiento de que la alta abstención del pueblo andaluz dejaba sin nervio su posterior cumplimiento.
El Estatuto contenía, en mi opinión, un fuerte compromiso de cambio de nuestra comunidad que no podría conseguirse sin una elevada implicación del conjunto de la sociedad. Las escasas personas que lo hayan leído pueden ver cómo hay una apuesta decidida por un modelo de desarrollo más racional y ecológico así como por unos servicios públicos de calidad como factor de igualdad de la ciudadanía.
Nos esforzamos porque tuviera el sello de una identidad andaluza construida sobre la extensión de los derechos sociales, la participación de la ciudadanía, la apuesta por los servicios públicos y el cuidado medioambiental. Trabajamos para introducir en el texto en torno a treinta seis nuevos derechos sociales para todas las personas que viven en Andalucía sin distinción de su procedencia; algunos de gran alcance como la Renta Básica o la articulación de las políticas sociales a través de una red públicas de servicios sociales; otros derechos hacían referencia a problemas de carácter más sectorial como la atención especial y preferente a enfermedades crónicas o invalidantes, las ayudas públicas a la vivienda o el reparto de la integración educativa en los centros públicos y privados. Tuvimos una verdadera batalla política para conseguir que estos nuevos derechos no fueran “declarativos”, sino reales y que pudieran ser reclamados por cualquier persona ante los tribunales o ante el Defensor del Pueblo para su cumplimiento.
Descendió el estatuto a las situaciones laborales más habituales, el cumplimiento de los convenios, la falta de calidad del empleo juvenil o la discriminación soterrada de las mujeres en el mercado laboral. Estableció que las ayudas y subvenciones públicas a las empresas se harían atendiendo a criterios de estabilidad laboral, inclusión social, promoción laboral de las mujeres y respeto al medio ambiente.
Cuando el PP se incorporó al Estatuto, -tras comprender que era una operación ruinosa mantenerse en la oposición obstinada que había mantenido durante su tramitación- su principal aportación consistió en reducir el caudal identitario, afirmar la supremacía del Estado sobre la Comunidad, o establecer cautelas constitucionales, pero afortunadamente, el edificio estaba construido.
Dos años después de su aprobación, el Gobierno Andaluz ha corrido un oscuro velo sobre esta conmemoración. Su balance de cumplimiento del nuevo Estatuto ha sido ínfimo y las pocas leyes tramitadas pertenecen a la anterior legislatura en la que todavía había cierto impulso para su cumplimiento. Por su parte el PP cuelga en su web el siguiente titular: “Balance de dos años de Estatuto de Autonomía: 850.300 parados”, porque al parecer les resulta rentable mezclar las palabras “autonomía” “Estatuto” y “paro” en la misma frase, aunque el resultado sea una descomunal mentira.
Por el contrario, el desarrollo del Estatuto había previsto mecanismos muy útiles para afrontar la crisis económica con mayor protección social a las personas sin recursos a través de la Renta Básica, la implicación de las Cajas de Ahorros en la economía productiva, la defensa y protección de los autónomos así como el desarrollo de nuevos servicios públicos o de la economía ligada al medioambiente. Que todavía estén sin desarrollar es una nueva Deuda Histórica con el pueblo andaluz que, por desgracia, escasamente se reclama.

martes, 17 de febrero de 2009

Nadie hablará de sus despidos


“Cuando cierran una empresa, nosotros redactamos la información y, mejor o peor, se publica en nuestros medios de comunicación pero… ¿quién informará de nuestros despidos cuando nos lleguen?” – me dice un veterano profesional, angustiado tras conocer los despidos silenciosos de centenares de periodistas. La pregunta no tiene respuesta.
Se estima, según cálculos de las asociaciones de la prensa, que en estos últimos meses se han producido cerca de dos mil despidos de periodistas y que se alcanzará la cifra de cinco mil a lo largo de este año. Como en todos los sectores laborales, las personas “idóneas” para recibir la carta de despido son aquellas que tienen muchos años de experiencia laboral y han conseguido una retribución digna. Sus puestos serán ocupados ahora por jóvenes becarios con retribuciones ínfimas, suministrados en muchas ocasiones por las Universidades que cavan así la tumba de su autodestrucción.
En Granada, en Cádiz, en Málaga, en Sevilla se desmontan rotativas, se conciertan despidos sin que se mueva un átomo de la pesada maquinaria sindical.
Pero no se trata solo de puestos de trabajo sino del derecho a la información de la ciudadanía. Quizá, con estos despidos, estemos diciendo adiós también a los últimos vestigios de una profesión.
Es posible que vivamos una nueva era informativa en la que se recorte aún más la capacidad y la autonomía de las personas que trabajan en la información. Tras el éxito cosechado por técnicos de telefonía que no tienen ni idea de para qué sirve cada cable, operadoras telefónicas que apenas entienden nuestro idioma, servicios de atención al cliente que no saben responderte si no formulas la pregunta tal como está en el manual que consultan, vendrá la figura de redactor informativo multiuso que copiará y pegará teletipos, relatará sucesos y ecos de sociedad o transcribirá comunicados oficiales. Quizá no solo estén despidiendo periodistas, sino acabando para siempre con un profesión molesta, que a veces contrasta fuentes, que tiene opiniones, que escribe entre líneas. Lo único que salva a los medios de comunicación de caer en el simple mercantilismo o en la propaganda directa es la delgada línea roja de esos incómodos mediadores llamados periodistas y que ahora, gracias a la crisis y al individualismo feroz de esa profesión, pueden tener sus días contados.

domingo, 15 de febrero de 2009

El mundo today

Circulan por Internet informaciones falsas que se copian-pegan-y-envian sin comprobar fuentes, cálculos o contenidos, pero otras veces -como en esta ocasión- se toman por verídicas bromas o artículos irónicos sin pararse a pensar dos veces en su contenido. Parece que usamos, simplemente, lo que viene bien a nuestras conclusiones, temores o sospechas, sin el más mínimo sentido crítico o análisis. Se culpa de ello a Internet, como si antes de su existencia la sociedad no se dedicara a divulgar falsos conocimientos, leyendas urbanas o informaciones falsas. Son los viejos prejuicios, o pre-juicios. De todas formas gracias a ellos he descubierto una página de humor inteligente, absurdo, que me ha hecho reir esta mañana. Se llama EL MUNDO TODAY y tiene titulares como los siguientes: "Se descubre una persona buena en Cantabria", "Nace el primer bebé sin subconsciente" o "Cuatro de cada diez controladores aéreos son nihilistas". Para los que gusten de este humor, he colgado el enlace y lo recomiendo como antídoto a estos tiempos de crisis.

sábado, 14 de febrero de 2009

El blog de Paralelo 26

Este es el enlace al blog que la revista Paralelo36 acaba de abrir y que sirve de complemento y actualización de la publicación trimestral. Es una publicaciòn plural, abierta a opiniones, aportaciones y comentarios.

Caza Mayor

Dice el PP que el ministro de Justicia y el juez Garzón aprovecharon una jornada de caza para conspirar contra ellos y que esto desacredita toda la investigación sobre la trama de corrupción de su partido. Yo no lo creo.Conozco los ambientes de la caza mayor, he escuchado horrorizada desde niña sus relatos de monterías y, creedme, allí se desdibujan las creencias, las ideologías y la realidad inmediata. El más declarado urbanita se transfigura en un ser campestre, que disfruta con los placeres sencillos que ofrece el monte: esa neblina de las primeras horas que se disipa lentamente sobre los arbustos, el olor de la madera quemada, las pisadas en la tierra más suaves que en el asfalto, como si anduvieran por el cielo. Se transfiguran en gentes sencillas de la serranía, hablan con familiaridad con personas a las que ni siquiera saludarían en su vida real. Comparten comida, vino y anécdotas de la jornada como niños en un día de excursión. Pero el momento cumbre es, cuando tras una espera dilatada, aparece un ciervo entre los arbustos. Contienen la respiración y sienten cómo se fragua un silencio que detiene el tiempo. Se acercan con lentitud, sin hacer ningún ruido, a la presa. Hay verdadera admiración hacia ella, especialmente cuando el animal levanta la cabeza y los mira con sus enormes ojos, paralizado no se sabe si por el horror o por una ancestral comprensión de la situación. El cazador, entonces, siente un vahído de amor, murmura para sí un “no te muevas”, como si en vez de disparar la escopeta, estuviera plasmando una obra de arte con sus manos. Concede a la víctima unos segundos para que emprenda la huída. Si los aprovecha, no le disparará mientras huye porque resulta indigno herir por la espalda a tan bello compañero. Pero el ciervo está detenido, como si hubiera asumido su destino, y segundos después cae herido de muerte. Hay tristeza en los ojos del cazador. El bulto informe que hay a sus pies ya no es el ciervo elegante que recorría el monte; sin movimiento, sin el giro inocente de su cuello, ya no es nada. A veces, al final de la jornada, alguien dispara una foto al cazador sonriente entre sus trofeos. A los no iniciados esas fotos nos parecen de una obscenidad insultante pero ellos no se avergüenzan, solo creen que no hemos comprendido la mística unión de la naturaleza con el juego de la muerte. He oído contar estas experiencias miles de veces, su ritual, su ritmo, su liturgia. La muerte de un inocente es un placer exquisito para ellos. Al día siguiente, vuelven a los juzgados, a los despachos, al Ministerio, rejuvenecidos por este baño de sangre pura.
PD. Para que compartan el profundo horror que me causan estos cazadores y sus patéticos sentimientos, les obsequio este breve video de la ejecución de un inocente.

viernes, 13 de febrero de 2009

Crisis en masculino

Hoy publico este artículo en El Correo de Andalucía:

Escalofríos me dan de pensar que las aguas grises de la crisis se lleven con ellas las conquistas de las mujeres en los últimos años. Lo digo porque, seguramente sin ningún tipo de acuerdo o de intención expresa, la información económica se viene escribiendo en masculino en estos últimos meses. La crisis ha barrido el recién aprendido lenguaje correcto de género y casi todos los informativos hablan de “los parados” en masculino. Las imágenes que acompañan estas informaciones suelen nutrirse de empresas o sectores fuertemente masculinizados en el que las mujeres no pueden ser despedidas, simplemente porque nunca se les dejó entrar.
En muchos foros se habla del problema de las familias, con el estándar clásico que ha sido superado por la vida y se recupera el concepto de “cabeza de familia” con un cierto sentido de jerarquía o, al menos, de prioridad. No digamos ya cuando se refieren a “los padres de familia” o a los “parados con corbata” (no con traje o con maletín sino con el aditamento típicamente masculino) como el reflejo de la nueva realidad.
A este lenguaje se suma la aparición de un interminable desfile de expertos economistas,- hombres en su casi totalidad-, en las pantallas y tribunas de los medios de comunicación y que, en su aparente asepsia analítica, no manejan las variables de género.
De esta forma se está construyendo un imaginario de la crisis económica absolutamente masculinizado que es, además, completamente falso. Es necesario recurrir a los datos estadísticos para desmontar esta imagen: en Andalucía el desempleo masculino se sitúa cerca del 22 por ciento, mientras que el femenino alcanza casi el 27 por ciento. O sea, que en caso de otorgar género al paro, por desgracia, se escribiría en femenino.
Este “error” extendido de la masculinización del paro, viene acompañado de otro igualmente falso: el mayor número de personas desempleadas no pertenecen a la construcción, ni a las actividades industriales, sino al sector servicios que es, además, el que representa el mayor peso en nuestra comunidad. Un último dato para completar el cuadro: hay muchas más mujeres demandantes de empleo que hombres. La diferencia estriba en que no son despedidas porque nunca con anterioridad han tenido un puesto de trabajo. La crisis está provocando efectos terribles en las mujeres: aquellas que tienen una elevada preparación, tras haber superado siglos de postergación, ven como el mercado laboral les corta las alas aún antes de haber podido volar; para otras, se ha multiplicado el trabajo no declarado, la ausencia de derechos y la imposibilidad de negociar sus condiciones laborales. Finalmente, las mujeres paradas cobran menos dinero y su seguro de desempleo abarca menos meses que sus congéneres masculinos, pero nada de esto se cuenta.
El desempleo es un drama sea cual sea el género de la persona que se encuentra en esta situación y al sector al que pertenezca, pero deberían encenderse las luces rojas de alerta cuando, subrepticiamente, se minimiza el desempleo femenino y se escriben en masculino los efectos de la crisis, en un mercado laboral que todavía no ha aprendido a hablar el lenguaje de la igualdad, como demuestran las diferencias salariales de las mujeres, la alta precarización del empleo femenino y las dificultades para su ascenso profesional. Alguien debería explicárselo a los selectos foros económicos y a los clubs de banqueros y presidentes de Cajas, -todos ellos casualmente hombres- que miran desde la distancia, con su mente encorbatada y embutidos en el uniforme oscuro de las viejas ideas.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Sylvia Beach



Me desconciertan absolutamente las preguntas del tipo cuál es su libro favorito, su disco, su película, su personaje. Ni siquiera soy capaz de contestar a interrogaciones más generales como qué tipo de música o de literatura me gusta. Dejo en blanco todos los cuestionarios, comenzando por este blog, que componen tu perfil en base a un puñado de preferencias ordenadas. Me gustan tantas cosas, tan diversas y cambio con tanta frecuencia de orden de preferencias que me resulta imposible componer “un perfil”
Tengo, sin embargo, una pequeña galería de personajes que de alguna forma me confortan. La mayoría no son excesivamente conocidos; ninguno de ellos es heroico porque siempre he pensado que había una cierta teatralidad e impostura en los personajes que escriben su vida en letras mayúsculas, sin las contradicciones minúsculas y sin que la vida apenas les roce.
En esta pequeña galería personal ocupa un lugar Sylvia Beach, la creadora de la librería Shakespeare and Company, editora contra viento y marea del polémico Ulises de James Joyce.
La primera vez que visité París fui, como tantos otros, a la librería de idéntico nombre que se encuentra en la orilla izquierda, frente a Notre Dame. Pequeños grupos de turistas se agolpaban en la puerta con la cámara preparada para no sé qué acontecimiento. Pero no es esa la librería que fundó Silvia Beach. Bajo una lluvia persistente buscamos la calle Odeón sin encontrar rastro de la mítica Shakespeare and Company, hasta que levantamos los paraguas y pudimos ver, una pequeña placa con esta inscripción: “En 1922, en esta casa, Sylvia Beach publicó el Ulises de James Joyce”.
En esa casa, 12 rue Odeon, Sylvia Beach creó un lugar de encuentro para la creación literaria. Allí se dieron cita todos los pobres poetas y literatos que carecían de medios no solo para editar sus obras, sino en muchas ocasiones, para comprar los libros que se exhibían en las estanterías o una porción de queso en el bar más cercano. La literatura mundial cruzó esa modesta puerta, para gozar de la generosidad y de la inteligencia de esa joven anfitriona que se consideraba pagada con la compañía y las obras de sus protegidos, entre ellos John Dos Passos, Hemingway, T. S. Eliot, Djuna Barnes o Scott Fitzgerald.
La ocupación de Paris por los nazis supuso el cierre de la librería y Sylvia Beach fue internada durante algún tiempo en un campo de concentración. No es extraño que un descontrolado Hemingway, en el momento de liberación de la ciudad, en vez de dirigirse a los edificios oficiales, se encaminara con un pequeño destacamento a liberar Shakespeare and Company.
- ¡Sylvia!, ¡Sylvia! –gritó desde la calle. Pero los felices años veinte ya habían pasado para siempre.
Por fin tengo en mis manos un ejemplar del libro de memorias que Sylvia Beach escribió para contar esos tiempos en los que los escritores eran pobres y felices.

viernes, 6 de febrero de 2009

Os la hemos colado

Hoy publico este artículo en el Correo de Andalucía:


Andan discutiendo las asociaciones de la prensa si es ético o no el montaje que el El Gran Wyoming realizó para la cadena ultraconservadora Intereconomía. Dicen –y yo coincido con ellos– que no todo vale con tal de ganar audiencia o de conseguir el desprestigio de tus rivales. Apelan a límites éticos de la profesión así como al respeto al espectador y yo sueño con que estos principios afecten a todos los medios de comunicación sin excepciones. Lo del Gran Wyoming, en ese caso, me llena de esperanza. Quizá sea el principio de una nueva era y empiecen a desvelarse las innumerables bromas que sufrimos los lectores, oyentes y espectadores. Ante nosotros aparecerían columnistas, directores de medios, insignes presentadores dándonos a conocer sus bromas informativas. El catálogo sería tan amplio que, al principio, podría resultarnos abrumador. Conociéramos cómo se fabricaron las noticias sobre la existencia de armas de destrucción masiva de Irak que vimos localizadas certeramente en un mapa; nos explicarían el montaje –con efectos especiales– de los bombardeos intensivos sin víctimas; nos contarían lo que se rieron maquillando la realidad que afecta a los más desfavorecidos. Nos mostrarían a los equipos informativos conteniendo la risa mientras reseñaban el fracaso de las protestas sociales y, a continuación, Urdaci saldría a escena para contarnos su última broma –la de anunciar que trabajaba como de Jefe de Comunicación para Paco el Pocero–, y nos desvelaría que se trataba de un montaje tan exagerado que pensó que no colaría. Más difíciles de explicar serían, sin embargo, los silencios informativos sobre continentes enteros como África, motivados seguramente por la buena intención de no hacernos sufrir.

Lo del Gran Wyoming abre unas expectativas realmente novedosas en el campo de la comunicación. Estoy esperando, con verdadera ansiedad, el gran día en que Jiménez Losantos nos desvele que todos sus comentarios han sido una broma deliberada. Que cuando se mofó de las muertes de los inmigrantes en las vallas de Melilla, sólo estaba poniendo a prueba nuestros sentimientos humanitarios, que su frase “apuñalar al contrario hasta que se desangre” era una crítica a los comportamientos violentos, que cuando dijo que “hace cuarenta años había más libertad que ahora”, era una retorcida metáfora contra el franquismo, que aquello de que “tenemos un gobierno de ETA” era sólo una trampa para que picaran los incautos los medios de comunicación afines al poder. Entonces sacaría un cartel con el lema “No soy tan malo” y, en vez de una becaria, aparecerían en escena los integrantes de la Conferencia Episcopal, muertos de risa. Su Presidente, Rouco Varela, tomaría el micrófono y explicaría: “¿Cómo habéis podido pensar que una religión que es todo amor y comprensión pudiera sostener comportamientos belicistas, racistas e inhumanos? Más tarde expondrían con todo detalle el plan que se habían trazado. “Se trataba –dirían– de hacer picar a los laicistas, a los descreídos, a los que nos critican sin razón y mostrarles a través de este juego inocente la inconsistencia de sus creencias”.

Muchos oyentes chasquearían los dedos diciendo: “¡Es que ya lo sabía…!”. Resultaría que tendrían razón quienes durante muchos años, y ante mi más airada incomprensión, escuchaban estos programas sólo para divertirse un rato: “¿Ves cómo era para tomárselo a broma? –me dirían con toda razón–.¡Qué inocente eres... y qué mal pensada!”.

martes, 3 de febrero de 2009

PARA FERRÁN

Espero que estas canciones, que tanto te gustan, sirvan de territorio para nuevos sueños. No hay nada de qué preocuparse. Los barcos que parecen más fuertes van a la deriva. Disfrutemos del tiempo y de la brisa.

Rafael Alberti



Conseguí el número de teléfono de Alberti tras muchas gestiones. Me dijeron, con tono secreto, que no lo pasara a nadie y que lo llamara por la tarde, después de las cinco y antes de las ocho.
A la hora acordada marqué el teléfono con la emoción anticipada de hablar con un mito de la literatura. Tras varios timbrazos sonó, potente la voz de Rafael y dijo: “Este es el contestador automático de Rafael Alberti, si quieres dejar algún mensaje hazlo a continuación”. Me di cuenta inmediatamente de que no era el contestador porque su voz sonaba clara y directa pero seguí el juego. “No me conoces, te llamo desde Jaén…”-empecé mi mensaje. De pronto él cambió de tono:
- Sí, dime
- Creía que era el contestador –mentí yo.
- No tengo contestador. Son muy caros, pero hago esto para evitar las llamadas inoportunas – y se rió con estruendo-. Funciona, ¿verdad?
La risa de Rafael.
Pasados algunos años tuve la oportunidad de compartir con él en Sevilla, un desayuno con la prensa. Lamento haber perdido en las mudanzas sentimentales, la cinta que grabé de este encuentro. Hacía pocos días que había visitado la ciudad Jorge Luis Borges y Rafael estaba deseoso de hablar de este personaje y, junto a él, dar un repaso –en el sentido más castizo de la palabra- a los escritores que de alguna forma colaboraron con el franquismo. Estuvo incisivo, ocurrente, chispeante. En esta conversación Borges pasó a mejor vida junto con Dámaso Alonso y algunos otros que no consigo recordar. Por el contrario habló con emoción de su amistad con Federico García Lorca y de su muerte. Entendí que, desde entonces, Rafael tenía la impresión de vivir una vida prestada porque la muerte de Federico era el espejo de la suya propia, la que debió haberle ocurrido a él, pero que fue a Granada por un error del destino. Al acabar el desayuno tomó un libro que llevaba y me hizo un maravilloso dibujo adornado de frases sobre mi sonrisa.” ¡Ah, esa sonrisa¡ ¡Cuántas cosas buenas me trae tu sonrisa! “- me dijo. También en una mudanza perdí el libro, el dibujo y la dedicatoria.
Rafael odiaba las largas reuniones del PCE. Cuando alguien expresaba el deseo de conseguir una sociedad sin clases, él añadía en tono bajo: “y sin reuniones”. Algunos avisados iban pertrechados de láminas y lápices de dibujos a los actos en las que aparecía Alberti. Cuando la reunión se hacía aburrida le pasaban el material y Alberti se aplicaba al dibujo como un niño en una tarde lluviosa. Finalmente colocaba su firma y una dedicatoria forzada. No tuve valor para recurrir a esta artimaña con los que muchos se procuraron obras de Alberti.
Yo perdí mis dibujos. Está bien que así haya sido. Los únicos que nunca pierden nada son los que clasifican el tiempo y lo guardan sin vivirlo.